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Carlos Adalberto Fernández
Buenos Aires - Argentina
Escribo cuentos y poemas. Historias de mi aldea cuentan de mi pueblo, en tres diversas épocas de mi querida Buenos Aires, pero siempre en sus orillas, suburbios, socavones
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26/02/15 | 14:18: Gonzalo Paiva Villafuerte dice:
Soy de Cusco Peru, aprendi a bailar tango en Cusco, con una bailarina de Buenos Aires, ademas soy narrador de cuentoS. Me gustaria incluir a mi repertorio HOY TANGO, le pido permiso para narrarlo. FELICITACIONES. UN ABRAZO
16/09/14 | 00:23: amanda dice:
muy bueno
10/03/14 | 07:13: susana sachetti dice:
Excelente, es imposible no sentirse en este relato. El tango nos hiere tantas veces de encuentro y desencuentro que uno se pone a nadar en tus palabras como si conociera cada movimiento de esta corriente. Gracias por el reflejo, por un momento he perdido el anonimato. Gracias.
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Hoy tango (cuento)



Ya suenan los primeros compases. La observo. Se estira lánguida en su asiento, comienza a ondular siguiendo el lamento sinuoso del fueye.

Entrecierra los ojos. Sufre. Goza. Padece el tango. Es mi presa. Cuando se unen necesidad y tango, soledad y tango, libido y tango, ya estoy al acecho.

Inicio el ataque. La veo atrapada en la telaraña del lamento masoca del violín, me acerco, ángulo 100 grados, que me perciba recién a distancia de ataque.

Ni le hablo. Extiendo la mano. Invito a la ceremonia, al acto sagrado e íntimo. Corrijo: no invito, convoco. Ya sabe que está marcada, obedece, como al destino.

 

Frente a frente, su mano eriza mi nuca, mi mano (anular y medio) intuye el vértigo de sus dunas. Esperamos, un tiempo, dos tiempos, un imperceptible balanceo y el paso lateral junto con el golpe inicial del llamado tribal de los bandoneones.

El violín se vuelve íntimo, sugerente de, no sé. La retengo, la hago volver, sus muslos rozan mi pierna, en pleno kyrie. Una pausa, la sangre volando en las venas, las neuronas invadiendo los poros, un clímax que se sublima en el paso que separa los alientos iniciando el giro explosivo de la danza bajo el desenfreno del bandoneón.

Ya somos uno, o sea tres, ella, el tango y yo. Sufrir, gozar, morir en el lamento desolado de la cuerda punzante que licua y funde las almas de los oficiantes. Agonizar en la ronquera patética de los bajos. Estallar en mil puñales hacia adentro, por el aullido terminal de la nota estirada hasta la angustia. Quebrarse, moldearse a golpes por la turba de violines y fueyes en retumbante marcha guerrera.

Somos un cuerpo, lúcido y pegado a los sentidos, solos de toda soledad en el espacio metafísico del salón. No hay distancia, no hay luz, sólo la nota que rodea, invade y disuelve, los dedos que conectan almas en celo musical, cabezas juntas, atentas y ciegas. Flotamos girando entre notas y silencios. Pausa, y dolor. Pausa, y rencor. Pausa, y otra pausa, impiadosa, cruel.

Pero yo la sostengo, ella lo siente. En el espacio oscuro e ilimitado, el dorso de mi mano la dirige, sus terminales nerviosas concentradas en un punto de su espalda. Otra mano la sostiene, la retiene. Y ella danza, flota en mis brazos.

 

El tango se arrastra, vencido. Agoniza. Tres compases, lentísimos, trágicos, y muere. Flojos los hilos, las marionetas sueltan los brazos, caen las cabezas; se apagan las miradas.

 

La hice de goma. Tengo que llevarla hasta su mesa, la ayudo a sentarse. Siento un “gracias” desfallecido, apenas suspirado. No le hablo; me retiro lentamente, hasta desaparecer de su ángulo de visión. Sé –estoy seguro- que su mirada me sigue hasta la orfandad.

Tengo todo controlado. Si el próximo tango ayuda, quiero que me busque, no a la pareja de recién, sino al hombre de su vida.

El Abrojito. Justo, el golpe de gracia. La siento estremecerse, la piel erizada. Inicio el desembarco final.

Un tipo se le acerca. Le dice un “me concedería esta pieza” jurásico. Ella, recuperada, como si nada, responde un “encantada” del mismo período. Se levanta elástica, pantera alerta, e ingresan a la pista. Ni me ve.

Y, claro, las mujeres son multiorgásmicas. Devoran machos de felpa y descansan, lánguidas, soñadoras, relamiéndose de su última víctima, hasta la próxima.

 

Pero esto no puede quedar así. Me tomo una bebida energizante y me echo tres milongas al hilo con la primera que pesque en el salón.

 


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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
26/02/15 | 14:18: Gonzalo Paiva Villafuerte dice:
Soy de Cusco Peru, aprendi a bailar tango en Cusco, con una bailarina de Buenos Aires, ademas soy narrador de cuentoS. Me gustaria incluir a mi repertorio HOY TANGO, le pido permiso para narrarlo. FELICITACIONES. UN ABRAZO
gonzalopaiva32@gmail.com
 
16/09/14 | 00:23: amanda dice:
muy bueno
amanera29@hotmail.com
 
10/03/14 | 07:13: susana sachetti dice:
Excelente, es imposible no sentirse en este relato. El tango nos hiere tantas veces de encuentro y desencuentro que uno se pone a nadar en tus palabras como si conociera cada movimiento de esta corriente. Gracias por el reflejo, por un momento he perdido el anonimato. Gracias.
susachetti@hotmail.com
 
16/07/13 | 20:24: Gisela Falcon dice:
Le agradeceré su respuesta a mi dirección de correo. Cordiales saludos y Muchas gracias
gisefalcon@gmail.com
 
16/07/13 | 20:22: Gisela Falcon dice:
Hola soy de una compañia de tango y solicito su permiso para narrar parte de su cuento en un evento.
gisefalcon@gmail.com
 
01/06/12 | 16:27: Américo Hermes Lio dice:
Soy juglar y solicito su autorización para narrar este cuento en mis apariciones en Icalma. Formará parte de una serie de narraciones sobre el tango. Ruego a Ud. me conteste al correo electrónico. Agradeciendo desde ya una resolución favorable a lo solicitado, lo saluda atentamente Américo Hermes Lio - DNI 7.713.853
gunarras@gmail.com
 
28/09/11 | 17:12: Mercedes dice:
Buenas tardes. Soy narradora oral, y solicito su permiso para contar su cuento Hoy tango en un encuentro de narradores en el Museo de Motivos Argentinos JOsé Hernandez. Le agradeceré su respuesta a mi dirección de correo. Cordiales saludos y Muchas gracias! Mercedes Sassano
mjsassano@yahoo.com.ar
 
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